sábado, 25 de julio de 2015

Fiesta gitana



Tres semanas de vacaciones en casa. 
Mucho calor, poco pensar y menos de lo que escribir.




Arte por los suelos.

Hivernacle de Hostafrancs.


"Siete semanas temprana
Caléndula enana
Fiesta Gitana"


Hormigas.


Sabadell, heteróclita.

Un señor con una camiseta de Corea del Norte.  
¡No una camiseta, nonó, un polito!






Mucha caló.

 


 Gràcia, un poco como siempre.






Y en la T1, estaba Eduard Punset tomándose un café tan ricamente.

lunes, 6 de julio de 2015

Olor gratis



Hace dos días fue cuatro de julio. Este año he ido dos veces a los Estados Unidos. A principios de junio estuve en Denver, por otra conferencia. 


En Denver hay un museo de arte. Bueno, habrá más, digo yo, pero sólo pude ver uno. Mi gozo en un pozo, la colección temporal gorda era una de Miró.


La permanente, no obstante, tiene una sección grandota de expolio cultural de todos los continentes. Bajo estas lineas, una pieza inuit, una cajita hecha de ballenas con un tirador con forma de cabeza de morsa.


Hopper no vi ninguno, pero estas señoras en la sección de expolio indio lo parecían.





También hay arte de la sociedad de habla española del suroeste de los Estados Unidos durante la época de las películas del Oeste.
Y nacionalromanticismo a cascoporro. Este cuadro de estética Atalaya representa el parque nacional de Yosemite.


Y algún paisaje que no estaba nada mal. De hecho había cosas muy majas de un tal William Victor Higgins.




Cerca del Museo había un monumento a las mujeres de la frontera, representadas por una matrona con niño y escopeta.



Neveras de porexpán con banderas nacionales, para mejorar el sabor de los refrescos y las Budweiser.   


Pero lo que justificaba la visita al museo era encontrarse Fox Games de Sandy Skoglund. A Skoglund la conocía de un libro de fotografía que había por casa, y me tenía alucinado.






Había vistas.



Y un minigolf.





Y pianos por la calle en la avenida principal de compras. Alguna gente los tocaba.





Las revistas de cocina tenían un tema muy especializado, muy localista.


Aunque no hay que ser injustos, comí bastante bien.


Esto es la vista de las Rocosas desde el aeropuerto de Denver. No pudimos ir.





Y esto es la contrapublicidad disuasoria antitabaco encima de los paquetes de cigarrillos en el aeropuerto de Toronto, que vimos haciendo escala.


sábado, 16 de mayo de 2015

Abajo del todo




A Sigrid se le da muy bien eso que llaman networking, vamos, hacer contactos profesionales. Como es muy espabilada y muy maja (y además trabaja en un tema bastante interesante), ya se ha hecho invitar como investigadora en estancia un par de veces a sitios bastante importantes de nuestro campo.

Esta vez fue en Melbourne. Y bueno, se dio la adecuada combinación de exceso de confianza y descenso de precio de los vuelos después de Semana Santa como para poder ir a verla. 

Así que, com más convicción que consciencia, me metí 22 horas de vuelo entre pecho en espalda (Copenhague-Singapur-Melbourne) de ida y otras tantas de vuelta.

Cuando llegué a Singapur, además de estarme muriendo de ganas de salir del avión, estaba genuinamente agitado. En estos años he tenido que viajar mucho, y supongo que lo he acabado desromantizando. Coges el pasaporte, te sientas encima de la maleta, y sales corriendo al aeropuerto. Pero esto era viajar en serio. Porque estaba yendo tela de lejos.




En las teles del avión se veía el trayecto. Luego busqué qué era esa masa de agua con una isla dentro, y por lo visto es el lago Toba, en Sumatra, la caldera de un volcán.



En el aeropuerto de Singapur puedes ponerle nota (un grado de sonrisa) a las cosas. En los lavabos te dice quién los ha limpiado. Yo dije que eran muy de mi gusto, y es que estaban muy limpios.

Lo que también era muy de mi gusto era este grupo escultórico de ranas musicales. Por desgracia no tenía sonido.




Y de pronto (es un decir), Australia. Sigrid me enseñó el huerto urbano donde una amiga suya tenía unos planteros. Como en Australia lo de tener conejos está mal visto, y comerlos no es una idea, se encuentran sobre todo en reproducciones decorativas.




En un centro de cultura había muchas exposiciones, y una instalación de nosecuántos zorros voladores. Pude ver uno de verdad una noche, paseando, moviéndose con el saber estar de una bolsa de basura almidonada.




Pero la reproducción animal más relevante del viaje fue el wombat de chocolate, como un conejo de pascua localizado en la zoosincrasia australiana.





- En una ciudad de no muy lejos hay un centro con animales endémicos. Se pueden tocar koalas.
- Ah, podemos ir.

La población se llama Ballarat, y su existencia se debe a la fiebre del oro australiana. Tiene, efectivamente, el encanto de un pueblo de western.



Incluso el hotel se sabe provincial.








En las afueras de Ballaratt está el Ballarat Wildlife Park, donde pudimos ver unos wombats enormes, que no estaban hechos de chocolate.


En este parque está Patrick, el mayor y más viejo wombat en cautividad, que tiene como treinta años y las dimensiones de un gorrino mediano. Patrick tiene un estatus especial, y es quien recipe más atención per capita, pero quien recibe más atención in toto son los canguros.















Pero claro, también hay koalas muy fotogénicos, muy dados a ponerse en tres cuartos.





¡Y equidnas!


Despachada la cuestión de ver animales australianos, volvimos a Melbourne


A comérnoslos. Esto de aquí abajo es canguro, que no estaba mal.

Una semana da para comer mucho.









Eso sí, los churros amenzadores de la estación, ni tocarlos.



El en barrio chino de Melbourne también se come muy bien. No  sé si el sitio es más oriental o más orientalista, pero tiene muchas luces.


Como este teatro de no muy lejos, donde pasaban Dirty Dancing (el musical). Ojito al coche rosa.

Esto también era muy rosa. Fuimos un día a una convención de cómics, videojuegos y demás, y había mucha gente vestida de su personaje favorito.





Incluído Mr Bean.



O esta ricura.




Nos quedaba algo de fauna por ver. En un cabo de la ciudad hay pingüinos.


Y en el jardín botánico hay cisnes negros, numerados como caballos de carreras.








Lo cierto es que Melbourne no está nada mal, con las cosas rancias británicas y la ansiedad acristalada de las capitales del nuevo mundo.



Esta iglesia, por ejemplo, se desventró por un incendio y le han puesto unas viviendas  que parece que le emerjan de dentro como un robot parásito.


Este monumento es un pastel de carne.



Había mucha gente casándose por todos lados.


Esto es la pintada de la tienda de cebos que hay al lado de casa de Sigrid.


Y esto es la pared de una fábrica que procesa nueces.







Y bien, esta es la bolsa de la aspiradora de mi casa, a la vuelta.