martes, 17 de mayo de 2016

De octubre a Marte




Supongo que ya he empezado a ir a exposiciones a granel; primero una en la Biblioteca National de Francia, luego estuve paseando por el Louvre, y también estuve en el Orsay cuando vinieron mis tíos Montse y Pedro a París este fin de semana pasado.


La de la Biblioteca era sobre la francmasonería, y claro, fui de cabeza. 



Trataban desde los orígenes históricos de la masonería práctica hasta las bases mas místicas de la masonería especulativa, como la Clavicula Salomonis.








Aquí, un escudo de la orden danesa del Rito Sueco. 


También trataban cosas muy francesas, como la presencia de la masonería en la Revolución y el Siglo de las Luces.


Y en la cultura popular posterior.



Había también una exposición en los pasillos que consistía en unas manchas marrones que Barceló había hecho en las ventanas.



El Louvre da honestamente más pereza. No por haber estado antes, ya que a fin de cuentas no te lo acabas. Bueno, precisamente porque no te lo acabas.  Por suerte, mirando hacía fuera, había una bonita puesta de sol.






Y bastante escena de violencia con animales, que es un tema que me va.




El Orsay tiene mucha gracia. 







Hay muebles expuestos y muebles olvidados.


Maquetismo.


Vale que ambos son de Courbet, pero poner El Origen del Mundo al lado de una trucha es como un chiste de coños de Pedro Vera.



Si antes comentaba lo del escudo es porque, después de estos años, no puedo evitar fijarme en la presencia escandinava en los museos.


Aquí tienen un Krøyer, que es como un Sorolla pero en guiri.


Pero es que esta gente también tiene tela. En este cuadro se fija uno antes en las dos banderas de Noruega que en el cortejo funebre en trineo.




El problema de estos museos es que, hayas ido o no, ya los has visto. Ese cuadro de Gericault o de Bouguereau estaban de portada en tu libro de filosofía en la secundaria, y te has hartado de ver material de oficina con serigrafías impresionistas.

Pero claro, siempre hay sorpresas.


Incluso en algo tan beato como el puntillismo hay estas joyas, una señora peinándose y unos muertos de la Comuna.




Hasta en las secciones palizas de arte religioso y en el purgatorio cursi de los impresionistas hay cosas tremendas.











Ese señor de arriba es San Dionisio de París, que ha sido el patrón de este blog desde su fundación.
 Por lo demás también bichos a mansalva.








Saliendo del Orsay pasamos por los jardines de las Tullerías, que de octubre a Marte cierran a las siete y media de la tarde.


Bajo estas líneas, una pequeña incursión gastronómica con mis tíos; higado de añojo y lo que juraría que es lubina, con berenjenas.










lunes, 11 de abril de 2016

Fotocopias en Skopie




"Fi-o-te-o-ka-o-pe-i?-ro ... tiene su cosa el cirílico, eh?" Pues así me encontraba estos días porque fui a Macedonia a dar una charla. Me habían invitado a un sitio justamente porque no soy un especialista, y les hacía falta un generalista. O sea, que mi mérito era no saber mucho de qué iba el tema.

Pero evidentemente me daba curiosidad eso de ir a Macedonia, y allí que fui. Los primeros días los pasamos en Skopie, donde apenas pude hacer mucho el turista, pero pude ver algo del diseño local.



A donde sí nos llevaron fue a la casa conmemorativa de la Madre Teresa, que por lo visto nació en Skopie pero era albana. Es que los Balcanes son un lío.

Una foto de una de sus cartas.


Y dos fotos de su galería de famosos, Arafat y los Reagan. Aunque tengo que admitir que fui a regañadientes, la contraposición absurdista de ambas fotos me puso de un buen humor maligno.



Y otra con El Papa de Verdad, porque los Papas siguientes son como sustitutos de mates para un trimestre. 



En Macedonia se estila poner las necrológicas en la calle, sea en un árbol o una farola.


Después de dos días en Skopie, nos llevaron a Struga, a orillas del lago de Ohrid. La conferencia proseguía en este hotel.








Exactamente, en esto.

Struga por lo visto tiene mucho turismo interno, y también de Albania. Aunque a uno puedan parecerle más o menos venidos a menos los edificios, el paisaje está muy bien.






Tampoco comimos mal.




Y pude pasear un poco más por Struga.








Antes de irnos, nos pasaron por el pueblo de Ohrid,  que es muy antiguo y se llama como el lago. O al revés, supongo. Hay un teatro de la época helenística.


Y nada, me volví a París. Supongo que quien sea que lea este blog sabe que vivo en París desde febrero, pero no me había dignado a ponerlo por escrito. Alguna foto de Francia subiré.