viernes, 27 de septiembre de 2019

Hamburguesa con ojos




Pensaba que había que contar hasta el veintiuno pero el equinoccio era el veintitrés. Ahora ya es incuestionablemente otoño.

Este verano estuve en Liverpool unos días. En el museo de la ciudad, había una colección de fotografías locales de la Segunda Guerra Mundial. Los supervivientes escribían comentarios sobre las imágenes. En una de ellas, una señora explicaba que su madre hacía ropa con el paracaídas de las bombas.




En Liverpool también hay una Tate muy apañada.



También estuve en el museo de Historia Natural de Londres.


Y en el jardín botánico de Cambridge, al que le había hecho menos caso del merecido.



También estuve en Copenhague,






En Copenhague, conocí a Preben la alpaca. Preben es nombre de varón, pero parece que los niños que se lo pusieron no valen para sexadores de alpacas, porque ya ha parido varias crías.



Preben tiene mucho porte, casi tanto como ese pato de madera que parece el protagonista de una serie de novelas de misterio.




Pillé por los pelos una exposición muy simpática de Pipilotti Rist en Louisiana.


Y, como todo turista, acabé comiendo comida rápida.


martes, 23 de julio de 2019

Todo el café es poso

Vivir fuera no es solamente vivir fuera, es vivir otrora. Más bien, es vivir fuera de la memoria colectiva de la que uno viene, y sobre todo, aprender a negociar estar a la deriva en la memoria ajena.  Si en Francia me sacaba de quicio la frecuencia de las siglas para cualquier cosa, aquí me encuentro con que, hablando con los residentes, todo existe en relación a un recuerdo que no comparto.


Cambridge, al ser más pequeño, se presta a que la cartografía en la memoria de sus habitantes sea más precisa, con detalladas acotaciones en cada estrato. 
- Sí, ese el el restaurante vegetariano donde antes había una cadena de bocadillos.
- Vamos a lo que era un sitio donde arreglaban bicis.
- ¡Ah, lo que antes era el gimnasio municipal!

Lo cierto es que en el Reino Unido hay tanto pasado, que le llega a uno a la barbilla. Es como si todo el café fuera poso. 

Para empezar a tener recuerdos propios y espiar los ajenos, he visitado un poco. Tengo una amistad de Copenhague viviendo en Glasglow, y fui de visita.

En Glasgow también se nota mucho que los lugares antes eran otras cosas.







Entre cuatro nos partimos una barrita Mars rebozada, que por lo visto es un invento escocés.


En Glasgow, de ochentaicinco concejales, nada más ocho son torys. Para muestra, un monumento a Dolores Ibárruri.


Hay un museo dedicado al transporte, diseñado por Zaha Hadid, que está muy bien.



Una caja negra roja.

También estuve en Edinburgo, donde se ve mucho más que las cosas han sido, pero sin irse.

Como el recuerdo de Diana de Gales en un club de fans o tienda de recuerdos. En este contexto, lo de tienda de recuerdos tiene mucha enjundia. ¿Son recuerdos de viaje, son recuerdos porque uno los compra para otro del que se ha acordado, o son recuerdos porque está tratando uno de adueñarse de la memoria del lugar visitado? Supongo que de Diana nos acordamos tanto como si hubiera sido propia.


A poca distancia del Parlamento, está Arthur's Seat, un conjunto de colinas.


Y en un parque, hay un monumento a Wojtek, el oso al que los soldados polacos sacaron de Oriente Medio durante la Segunda Guerra Mundial y llegó a ser caporal. Por lo visto terminó sus días en el zoo de Edimburgo.

Pero no podía quedarme en Escocia, y tuve que volver a Inglaterra. Cerca de Cambridge está la pequeña ciudad  de Ely, que tiene una catedral espectacular.



Un día vi una demostración de barcos dragón en el río Cam, que interrumpía la britanidad del parque con unos farolillos festivos y muy bienvenidamente incongruentes.


Y luego tuve que ir a casa, para ir viendo si tenía que apuntalar mis recuerdos con cosas nuevas


Por fortuna el Tootsie sigue estando.


Esta franquicia se ha extendido mucho. Entiendo que la gente compre sus productos, y se te llena la boca al decir el nombre. Es casi lo contrario a un trabalenguas.


Por desgracia, sí percibo la deriva en la memoria con mis seres queridos. Memoria audiovisual, sobre todo. Van a estrenar esta serie, que tendré que perderme, y también me di cuenta de cuán poco al día estoy con Paquita Salas.





Noventainueve grados en Castellar del Vallés.



Pero muchas cosas están ahí desde siempre, y no hace falta referirse a ellas con los nombres de antes, porque son los que tienen todavía.

Espero que el Norton, el Pulga y el Drogas sigan usando esos nombres, y que estén bien de salud.



lunes, 15 de abril de 2019

Camino de algo parecido


La primera entrada de La Menor Intención desde el Reino Unido no está ni tan solo redactada desde el Reino Unido. Ahora mismo estoy en una cafetería en las oficinas de Silicon Valley en las que he estado trabajando esta semana. Casi nada más llegar, hala, doce horas de avión para participar en unas charlas, estrechar unas manos y tener sueño en momentos que no tocan.




Dicho esto, Inglaterra no está mal. He encontrado un piso decente (vamos, un piso que está muy bien pero está enmoquetado excepto baño y cocina) y he pasado por la enésima mudanza. De ventanas anda muy bien, y ya se sabe que las ventanas son un tema importante.






Aquí sale la ventana de mi comedor, que es bastante grande. Como no tenía un pico de geólogo para sacar la escala, me tuve que poner yo ahí. Luego ya me llegaron los muebles y los cuadros. 



Este cuervo atrapado entre dos líneas se parece a estos otros cuervos en el parque de cerca de casa, que parece que estén jugando a Dogville en una pista de carreras





Donde también se podría jugar a esto en el contorno conmemorativo que han dejado para indicar lo que en su día había sido una iglesia.




La casa de al lado va camino de convertirse también en un contorno, parece. A veces, por el balcón semiderruido se pasea un perro.


En esta ciudad, más pequeña que Sabadell, pero con algo más de empaque, gusta decir que tienes de todo sin tenerte que ir a Londres

Y es que a ver, puede que en Londres haya más cosas, pero aquí por ejemplo hay muchos libros y muchas librerías y muchas bibliotecas. Qué soy? Gente!, reza este libro infantil. Podría ser una adaptación infantil de Walt Whitman diciendo que contiene en sí multitudes. Multitudes de vikingos, claro.




A pesar del nombre, no he ido a este restaurante mexicano.


Ni he comprado pasamanería.


Ni he comprado un arma de fuego escondida en una bolsa de supermercado en esta calle.


Ni me he dejado robar el alma a manos del león coronado de ojos vacíos.



Pero sí he aprendido matemáticas con las chuletas que hay en las paredes de un restaurante chino, en el que además de hacer empanadillas chinas al vapor, dan clases de repaso.


Y también saludo cada mañana al recorte de Nelson Mandela que se asoma por la ventana de una academia de idiomas.


Y me dio por debajo de la nariz con el cartel vandalizado de Bateman Street.



A Londres voy de vez en cuando, y veo a menudo esa especie de artesonado con forma de funda de chirimoya en King's Cross.


Y me he tropezado con otras cosas, como el Cutty Sark.


Un caballo encabritado que pasaba por allí.


O una teta que han puesto ahí para hacer campaña para amamantar en público.