domingo, 13 de septiembre de 2026

Un sombrero en la vía



Las olas de calor estival también han afectado al Reino Unido. 




Eso nos ha dejado un verano de muy mal dormir, pero con algo de buen vivir.

Un sombrero arrastrado por el viento en las vías del tren hacía Cambridge, en uno de los últimos días del año en los que me toca ir a la oficina.




Desde el piso 34 de un rascacielos en Londres, se veía trabajar a un equipo de construcción bajo el calor.





Lo que también daba calor era este gorro de punto con forma de rana, hecho por la madre de una amistad.



Hasta los letreros lo han pasado mal.








Sin poder viajar mucho, pues se ha comido bastante fuera, que es el mejor turismo de corta distancia. Aquí unos cuantos destacados. 

Asadura a la brasa en un sitio turco. 




Huevos revueltos con cerdo asado chino.



Helado.







Varenyky (y ensalada de encurtidos) en un sitio ucraniano.



Y tartar en un sitio francés.







Pero no solo de pan vive el hombre. O el hámster de sopa.




Este netsuke de conejo hacía, creo recordar, una pócima de longevidad.


Quentin Blake, famoso entre otros por haber ilustrado a Roald Dahl, tiene unos retratos de personajes de Shakespeare como si fueran cuervos antropomórficos.




Entre los borrones de una pintura de Turner, la silueta de un elefante. Resultó ser un cuadro dedicado a Aníbal el Cartaginés.



Las pelis de Wes Anderson me parecen bonitas pero me suelen dar bastante igual. Fui a ver una exposición donde salían cosas de sus pelis, como estos gorritos rojos. 


O estos muñecos de animación.





Vi un show sobre los últimos conciertos de Judy Garland en Londres, un año antes de su muerte.





Pasan reposiciones de clásicos en el Prince Charles, donde una de las salas tiene la platea al revés. Vamos, que la platea tiene una rampa conforme la cual los asientos de más cerca de la pantalla están más elevados. Parece que vaya uno a despegar.



Fui a un concierto increíble de Grace Jones. Me esperaba un concierto autocomplaciente de vieja gloria en sus laureles pero no contaba con que esta mujer canta bien en directo, y con que traía unos músicos tremendos. 




Y como colofón,  fui a ver Los Miserables, que parece mentira no haber ido nunca a un musical de estos gordos en todo este tiempo en Londres. 




Más arrimados al suelo están estos modelos 3D del año de la tos que explican la disposición de las piernas de los dinosaurios versus la de los reptiles.


Visita nocturna al Museo de Historia Natural, como si de una novela de misterio adolescente se tratara.




Un juego de palabras visual a lo Joan Brossa en la exposición estival de la Royal Academy of Arts. La palabra quilate está relacionada etimológicamente con la algarroba, que los árabes usaban como peso para pequeñas cantidades.


Al final, una foto de una tortuga en la exposición sobre la longevidad que empezaba con el conejo alquimista.



Tanta longevidad da, efectivamente, tiempo para mucho, como décadas de trauma acumulado, rezaba un cartel.






lunes, 1 de junio de 2026

Cultura Material





Tropecé con la expresión cultura material en algún libro de texto hará al menos una década, y siempre me cayó simpática, porque nos hace prestar tanta atención a los objetos como las historias en las que nos hacen participar. 


En Navidad pasé por Madrid por motivos familiares, ya que aproveché para hacer una visita antes de ir a Barcelona. 

Antes de salir de Londres, en una hamburguesería del aeropuerto había un contenedor para volcar líquidos que estaba lleno de una sustancia sólida y parecía anhelar recibir cosas más fluidas que unos trozos grandes de hielo machacado.




Hacía mucho tiempo que no veía esos techos de Barajas.


Y otras cosas de la vida en la Villa y Corte, como las pegatinas en las farolas.




Ir en Madrid en Navidad implicaba ir a ver el logo de Schweppes del Día de la Bestia.


Pero claro, hacía muchísimo que no iba a Madrid, y no todo era como lo recordaba. 
Había un señor vestido de gorila con camisetas gigantes del Real Madrid. No me atreví a sacarle un vídeo pero daba mucho miedo.


También me sorprendió mucho ver carteles que prohibían entrar al recinto del metro con globos metálicos llenos de helio. Se conoce que tener objetos voladores altamente conductores conlleva riesgos en lugares electrificados.


Me llevaron a Buitrago de Lozoya, un pueblo histórico muy bonito de la Sierra, donde estaban montado un Belén viviente la mar de conseguido.


Ese pozo estaba junto a una iglesia, y solo su emplazamiento delataba lo mucho que daba el pego.


El nido de cigüeñas sí que era de verdad.


El nombre de esta plaza también era muy de verdad.


También cayó una visita al Museo Nacional de Ciencia y Tecnología.



Las Navidades pasaron sin mucha pena ni gloria, pero con muchos huevos de codorniz. 


Volviendo a Londres, una mujer hacía estiramientos contra una columna en El Prat.


Vivir cerca del Arsenal también implica estar expuesto a una curiosa cultura material, como todo lo que tiene que ver con el Deporte Rey. Este globo no podría entrar en el metro de Madrid, y eso me tranquiliza.


Si te bajas del metro a las ocho menos cuarto en Fulham Broadway, parece que la Segunda Guerra Mundial terminó hace apenas unos meses.



En el Museo de transporte, hay réplicas de antiguos omnibuses.


En el metro de Holborn hay un botón sospechoso al lado de un trampantojo de una columna.


En el jardín de mi vecino de abajo también se cuelan zorros.


En una exposición sobre arqueología informal en el Támesis, había tipos móviles de plomo de la fuente de letra de Dove Press, que fue arrojada al río por una rencilla entre los fundadores de la imprenta. 


También estuve en Toulouse, por otros motivos de familia. En el suelo de una iglesia había una serpiente en flagrante acto de tentación, un mosaico de lo más sandunguero.



Si los ingleses son célebres por el humor centrado en el understatement (decir poco de forma irónica para indicar mucho), aquí los franceses no se quedan cortos diciendo que Jesús es despojado de sus vestiduras, cuando lo más notable de esta escena de la Pasión es que sale decapitado. Eso es algo que no tocamos en Catequesis.


Estas baldosas votivas daban las gracias a Dios o la imagen de la Virgen en cuestión. Cuando alguien agradeció algo desde Saigón en 1934, todavía quedaban 20 años de ocupación francesa de Vietnam.



También le puse una vela a Santo Tomás de Aquino en el Convento de los Jacobinos.


Una silla de oficina naufragada en el Garona.


La mascota de Aeroscopia, el museo de aviación de Toulouse, es fea que te cagas.


Pero uno va al museo nada más que para comprar peluches de un murciélago (tuve que confirmar que no es un dragón de fiesta mayor) azul. Uno va a ver aviones.


Tienen cosas muy francesas.


Y cosas mucho menos francesas.



En una de esas visitas de trabajo a Estados Unidos, tan agotadoras como decepcionantes, tuve una segunda velada de minigolf con algunos amigos del trabajo. La gestora de proyectos, eficaz y dinámica, encontró el minigolf más prometedor de la zona.

Si hay una forma de cultura material que me fascina, es el minigolf. Siempre he de excusarme diciendo que se me da de pena, y que evidentemente ni me gusta jugar, pero pocas cosas me hacen tanta gracia como el universo cutre de los campos minigolf.

A veces un minigolf es una pequeña exposición universal con pabellones nacionales, a veces es un pequeño mundo de fantasía, a veces es un simple y honesto ejercicio de geometría deportiva. Y a veces es algo más marciano que ninguna de esas cosas.

Había un castillo con estética de los Pitufos.


Un dragón detallado y amenazador, digno de una portada de rock duro clásico.


Un dragón más chapucero con cara de ir puesto de algo y con una luz verde en la boca.


Una jirafa.


Un artefacto tiki.


Me dejo en el tintero fotos deslucidas del obligatorio molino, de un Big Ben tróspido (¿la gente ya no dice tróspido, verdad?), y por supuesto de una pagoda.

Donde también se acumula cultura material a diestro y siniestro es en el British Museum. Pasé un rato por la sección mesopotámica porque siempre hay algún relieve de un león para animarte el día.



Otro museo interesante al que no había ido era la casa museo de Leighton, el pintor. El hombre se hizo construir una sala con azulejos de Siria, y encargó unos frisos en Italia porque los techos le quedaban chatos.


Aquí un estudio de su obra más conocida, Flaming June.


Y aquí vemos una escultura de Jorge V del Reino Unido, que era calcadito a su primo  Nicolás II de Rusia.




Otro sitio al que le tenía muchas ganas era la Gran Logia Unida de Inglaterra, con su gran salón que celebra la obra del Gran Arquitecto.




Aquí está Helios conduciendo su carro solar.

Y aquí están Euclides y Pitágoras, triangulando que es gerundio. Hay que fijarse donde cae el guión de Pitág-oras, porque me duele la cabeza de pensar que las sílabas puedan separarse así. Hay fotos mejores que las mías en la cuenta de la logia.



Los masones están en todos sitios, incluso en la luna. Buzz Aldrin había sido francmasón, y en la logia de Londres tienen algo de su ajuar, incluyendo su delantal de la Tranquility Lodge 2000, que es la logia de la francmasonería tejana con sede en la luna. Espero que tengan un apartado de correos en Houston, que no queda tan a desmano.



Cerca de mi casa hay una zona de recreo infantil que anima a los futuros astronautas (y tal vez masones) a familiarizarse con los planetas.


Y otro contenedor ávido de líquidos espera al lechero, delante de la escuela católica del barrio.