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martes, 23 de julio de 2019

Todo el café es poso

Vivir fuera no es solamente vivir fuera, es vivir otrora. Más bien, es vivir fuera de la memoria colectiva de la que uno viene, y sobre todo, aprender a negociar estar a la deriva en la memoria ajena.  Si en Francia me sacaba de quicio la frecuencia de las siglas para cualquier cosa, aquí me encuentro con que, hablando con los residentes, todo existe en relación a un recuerdo que no comparto.


Cambridge, al ser más pequeño, se presta a que la cartografía en la memoria de sus habitantes sea más precisa, con detalladas acotaciones en cada estrato. 
- Sí, ese el el restaurante vegetariano donde antes había una cadena de bocadillos.
- Vamos a lo que era un sitio donde arreglaban bicis.
- ¡Ah, lo que antes era el gimnasio municipal!

Lo cierto es que en el Reino Unido hay tanto pasado, que le llega a uno a la barbilla. Es como si todo el café fuera poso. 

Para empezar a tener recuerdos propios y espiar los ajenos, he visitado un poco. Tengo una amistad de Copenhague viviendo en Glasglow, y fui de visita.

En Glasgow también se nota mucho que los lugares antes eran otras cosas.







Entre cuatro nos partimos una barrita Mars rebozada, que por lo visto es un invento escocés.


En Glasgow, de ochentaicinco concejales, nada más ocho son torys. Para muestra, un monumento a Dolores Ibárruri.


Hay un museo dedicado al transporte, diseñado por Zaha Hadid, que está muy bien.



Una caja negra roja.

También estuve en Edinburgo, donde se ve mucho más que las cosas han sido, pero sin irse.

Como el recuerdo de Diana de Gales en un club de fans o tienda de recuerdos. En este contexto, lo de tienda de recuerdos tiene mucha enjundia. ¿Son recuerdos de viaje, son recuerdos porque uno los compra para otro del que se ha acordado, o son recuerdos porque está tratando uno de adueñarse de la memoria del lugar visitado? Supongo que de Diana nos acordamos tanto como si hubiera sido propia.


A poca distancia del Parlamento, está Arthur's Seat, un conjunto de colinas.


Y en un parque, hay un monumento a Wojtek, el oso al que los soldados polacos sacaron de Oriente Medio durante la Segunda Guerra Mundial y llegó a ser caporal. Por lo visto terminó sus días en el zoo de Edimburgo.

Pero no podía quedarme en Escocia, y tuve que volver a Inglaterra. Cerca de Cambridge está la pequeña ciudad  de Ely, que tiene una catedral espectacular.



Un día vi una demostración de barcos dragón en el río Cam, que interrumpía la britanidad del parque con unos farolillos festivos y muy bienvenidamente incongruentes.


Y luego tuve que ir a casa, para ir viendo si tenía que apuntalar mis recuerdos con cosas nuevas


Por fortuna el Tootsie sigue estando.


Esta franquicia se ha extendido mucho. Entiendo que la gente compre sus productos, y se te llena la boca al decir el nombre. Es casi lo contrario a un trabalenguas.


Por desgracia, sí percibo la deriva en la memoria con mis seres queridos. Memoria audiovisual, sobre todo. Van a estrenar esta serie, que tendré que perderme, y también me di cuenta de cuán poco al día estoy con Paquita Salas.





Noventainueve grados en Castellar del Vallés.



Pero muchas cosas están ahí desde siempre, y no hace falta referirse a ellas con los nombres de antes, porque son los que tienen todavía.

Espero que el Norton, el Pulga y el Drogas sigan usando esos nombres, y que estén bien de salud.



jueves, 21 de noviembre de 2013

Cinc quarteres massa terra


"Mi madre se ha cambiado de casa. Como si vivir en Sabadell no fuera suficientemente malo, se ha tenido que ir a Castellar del Vallès. Pues vaya plan. El Vallès es una dársena llena de tierra, una parada forzosa, un lugar al que uno sólo va para poderse ir luego".


Me iba diciendo estas cosas mientras paseaba por el área algo desangelada de la nueva urbanización. Como siempre que uno va quejándose, no me fijaba en mis alrededores, y eso que había salido a dar un paseo.


Tan absorto estaba en mis ganas de quejarme que no me di cuenta de que pasaba al lado de una mantis enorme al rodear el descampado que separaba dos naves industriales.


"Tan mal no está el Vallès, hombre. A ver, no jodamos, un poco una mierda sí que es. ¿Pero cuántos sitios hay que no sean una mierda al fin y al cabo? La casa nueva es mejor, y encontrarse una mantis también está bien.".

Más mentalizado, y algo sugestionado por el buen tiempo, me di una vuelta turística por Sabadell. Hasta pasé por cerca de la Torre del Aigua, lo único parecido a una atracción que tiene esta ciudad.


Cerca hay un hospital donde sirven sopa de letras.


Pero no todo es mantis y sopa de letras, ojo. También hay cosas que repatean, como  la campaña esta del Banc de Sabadell que tanto me recuerda a lo que decía Valero Sanmartí sobre el seny català.


"Tornem al món real. Dèiem que els valors catalans de CiU potser no són tan tan catalans. I és més: no voldria generalitzar, però els valors identitaris catalans (i els valors identitaris en si) em semblen una presa de pèl. Una puta merda. Per començar, el seny i la rauxa. Seny. D’acord. Rauxa. EING?! Amb el seny ens apropiem de tots aquells valors identitaris positius des de l’òptica calvinista-capitalista europea: educats com els francesos, treballadors com els alemanys, innovadors i eficients com els suecs. En canvi, la rauxa ens serveix per citar a Dalí, Llull o Francesc Pujols quan algun andalús (nota mental: la identitat andalusa és el malson/paròdia de la identitat italiana) ens acusa de ser ‘desaboríos’ o ‘mu suyoh’ o ‘acartonaos’ o ‘eztreñíos’ o, senzillament, de ser una cultura gris construïda des dels interessos burgesos. Però jo crec (JO SÉ) que els catalans volem tenir el millor de cada casa. Una identitat per anar a treballar, una identitat urban, casual; i una altra de diumenge, per mudar. Cosa que, a més de contradir els principis de CiU, tampoc és tan original, ja que els alemanys són els màxims exponents d’aquesta identitat binària, amb aquella ètica del treball tan espartana i aquells rampells de xiflat romàntic per l’art, la natura i Déu: Martin Heidegger entortolligant el llenguatge amb precisió de psicòpata per poder comunicar-se amb vés a saber què."
La mala leche inducida por estas cosas se quita con un vinito. Mi padre no bebe pero en su casa (¡en Terrassa!) hay vino.


Y vasos de Hello Kitty. Aquí sale disfrazada de caracol. También hay vino en los restaurantes cutres menú. Quién va a pedir agua teniendo vino y gaseosa para acompañar unos espaguetis recocidos?



"Esto de que se come mejor aquí viene a ser cierto en general, pero vaya fideos de mierda que me han puesto, pero qué torta que llevo con el vino con gaseosa. La gracia del Vallès será eso, lo de conformarse con pequeños placeres prosaicos. Hombre, dicho así, parece que no hay mucha diferencia entre el Vallès y muchos otros sitios. Lo que decía antes, será que todos los sitios son un poco una mierda. 

Mira, qué gracia, la empresa de excavadoras se llama Macachón."