Tenía que suceder, pero no sé si tan pronto. Lleva tres días nevando sin parar y parece que va a persistir durante otros tantos, al menos. Ésta era la vista desde mi ventana esta mañana: Me he comprado un par de plantas más, por cierto. A ver si soy capaz de que me sobreviva el helecho. No tenía nada en la nevera, y la idea de pasar el fin de semana a base de arroz hervido me ha servido para forzarme a salir de casa porque prefiero el frío al escorbuto. Cerca de casa hay una especie de todoacién con un toldo debajo del cual hay cosas para que la gente las adquiera, como estas cajas de tinte de pelo sepultadas por la nieve.
Lo cierto es que la nieve recién caída tiene su lirismo. Los lugares adquieren otro aspecto, y es posible que el aumento en la albedo anime a las personas, porque se percibe mucha más luz. Aquí, la vista desde mi oficina:
Y algunas fotos tomadas al salir el jueves de la universidad:
Pero no nos engañemos, la alegría de la nieve dura poco. Ir en bici se convierte en una tortura si no llevas pasamontañas (ayer pensé que me iban a salir sabañones en la cara) y toda la blancura se desvanece pronto, para convertirse en ese barro helado que convierte caminar en algo ingrato e incierto.
Para que nos vayamos haciendo a la idea, el termómetro que hay en la plaza del ayuntamiento está preparado para marcar hasta -20º.
El otro día le ganamos al Copenhague en la Champions. Lo digo en primera personal del plural porque es como se dicen estas cosas. Estuve cenando con Pau, que se vuelve a casa (a Caldetes, para más señas) a buscar curro para poderse volver a Dinamarca en pos de su vida sentimental, y con Cristina, que es alemana y se queda, cosa que es una suerte porque cocina bien. Bueno, a cada santo su vela; Pau tiene también mucha mano.
Nos habíamos propuesto ver el partido, pero era pay-per-view y nos daba pereza irnos a un bar. Eso sí, el padre de Pau nos llamó para decirnos que llevaban nosecuántos tiros a puerta pero que dos habían sido fuera de juego seguro y que del otro no estaba muy seguro, però de ben segur que guanyem. Si todavía viviese cerca de Plaça d'Espanya, me estaría cagando en el Barça y en la afición. Ahora me hace gracia y hasta ilu.
A nivel de ocio, fui a un concierto de voces blancas en la catedral el viernes pasado, y anteayer estuve en la exposición de World Press Photo que hacían en la sede de Politiken, el País de aquí. El otro día estuve viendo en casa Die Legende von Paul und Paula, una peli de los 70 hecha en la RDA. Pasa en el Berlín Oriental y es la típica tragedia en la que la heroína una zumbada arbitraria que cree que el amor es una solución para las cosas y el protagonista masculino es un mamón que no sabe lo que quiere. Pero es muy disfrutable, hay demoliciones, Trabants y guateques.
El sábado cumplí dos meses aquí, y tuve un ligero arranque de trascentalidad percibida, pero sin melancolía. La melancolía vendrá en poco, porque ya empieza a hacer frío y a llover un poco cada día. He estrenado el gorro de lana que Rita me hizo en las colas de espera de la embajada china, mientras la hacían esperar para sacarse el visado. Ella estará pasando más aventuras que yo. Es más, ella estará pasando aventuras. Comparado con ella, yo me limito a pasar el rato.
El jersei me lo he comprado aquí. Es bonito, pero sintético, y da chispazos.