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jueves, 1 de diciembre de 2011
Suecia escorada
He pasado el fin de semana en Estocolmo. Viajar al Norte cuando hace frío sale baratico, aunque tiene inconvenientes obvios, como que se te hace de noche en un tris y tampoco tienes tantas ganas de estar en la calle.
Las librerías de aeropuerto, siempre están provistas (y previstas!) de lo mejorcito. Parece que Noah Gordon ha sacado un libro en su saga de médicos, chamanes y judíos: el catalán.
No, no es una graciosa homonimia. "Catalaneren" quiere decir "el catalán" en danés. Lo que tiene miga es que el libro en inglés se llama "The Bodega". Aparentmente es una especie de drama vitivinícola con intriga política en las Guerras Carlinas.
Estocolmo es una ciudad realmente bonita, con sus islitas, sus puentes, sus calles espaciosas... y sus edificios torcidos.
Este edificio está torcido cinco grados en la base, y no sé cuánto en el último piso.
Se ve también que la finalidad de los smartphones es usarlos como nivel. A los estocolmienses se les tuercen las cosas, y no sólo los edificios. Posiblemente la mayor atracción turística de la ciudad es el Museo del Vasa, un museo construido alrededor de un barco de guerra del s. XVII que se les hundió minutos después empezar su primer viaje. Lo tuvieron en el agua, dado por perdido durante 300 años hasta que lo sacaron a flote en los 60.
El Vasa quita el hipo.
Y el Museo de Cosas que le han hecho alrededor está la mar de bien también. Incluso el video explicativo mola. Lo pasan por lo menos en sueco, en inglés, en ruso y en español internacional:
Me quedé prendado de esta señora osteóloga tan peripuesta.
Antes de irme a Dinamarca pensaba que el sueco era una lengua más bonita que el danés. Y lo sigo pensando. Pero también tiene palabras feas: "Blommor" quiere decir "flores". Hay muchos plurales que acaban en "or".
Y hombre, a mí esas palabras acabadas en "or" me hacen pensar en ciencia ficción cutre. El plural de "pizza", por ejemplo, es "Pizzor". No puedo evitar pensar en un alienígena vestido de papel de aluminio diciendo que ha venido a invadirnos desde el planeta Pizzor.
Estos leones tan simpáticos, con un poco de retirada a Whoopi Goldberg, están en las calles comerciales, abarrotadas por la llegada de la temporada navideña. Parecen muy majetes. Los cuervos y las urracas también abundan, incluso en las farmacias.
Y por último, dos imágenes complementarias.
a) Alfredo Landa en TVE internacional. Nadie en España debe tanto a Suecia como Alfredo Landa.Me pregunto si se ha notado mucho el cambio de programación televisiva después de la victoria del PP el 20N.
b) La calle de Olof Palme. En Sabadell tiene un club de fans que ríete tu de Diana de Gales y otros muertos ilustres.
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domingo, 5 de septiembre de 2010
de cómo la barba lleva al extrarradio
La barba no es una cosa que me crece, es más bien algo que me sucede. Un día me veo en un espejo (y como no me peino y muy a menudo me afeito la cabeza en la ducha, sólo me veo en los espejos de los ascensores o en las fachadas de los edificios de oficinas) y de golpe descubro que ando hecho un San Patricio.
Cuando decidí rebajármela, me encontré con que la esquiladora se había estropeado en el traslado. Armado de valor, me lancé a la calle hacia el Fisketorvet, un centro comercial que podría ser una Maquinista que está a un ratillo (un ratillo suele ser algo parecido a veinte minutos) de casa. Un ratillo cuando no es sábado al mediodía y todas las calles principales están colapsadas de suecos que van a echar el sábado a Copenhague. Y de italianos, muchísimos italianos por todas partes, con gafas de sol y calzado de cuero blanco.
Dos ratos gordos después de abrirme paso como buenamente podía (y todos conocemos la cadencia bovina de los turistas) llegaba al centro comercial y me compraba el aparato en cuestión, mientras pensaba que vivo en un saliente de las ramblas de aquí. Bueno, de la suma de las ramblas, el Passeig de Gràcia i Portal de l'Àngel.
Esto de vivir tan cómoda e incómodamente en el centro me ha hecho pensar en cómo debe de ser la vida suburbana danesa. Así que, aprovechando que los regionales son gratis el primer domingo de cada mes, hoy he ido a la población de Køge, cincuenta minutillos en tren hacia el sur.
No sé si lo he comentado, pero a esta gente le gusta el bronce como a nosotros el ajo. Bajo estas líneas, un rey que se llamaba Federico algo. Creo que VII. Por lo visto era el último monarca absolutista, y aquí se le ve dando la Constitución al pueblo. He buscado en youtube a ver si encontraba a Chiquito contando el chiste de "mi mujer dice que no sé decir Federico" pero no ha habido suerte.
Cabe decir que hacía un día precioso, y hasta me han salido más pecas en los brazos . Camino de un pequeño cementerio histórico donde hay enterradas cuatro o cinco personas célebres, entré en un cementerio urbano. Me sorprendieron lápidas como esta:
Far quiere decir padre en danés, y es lejos en inglés, lo que también tiene su poesía teniendo en cuenta que el otro barrio está aparentemente lejos. Me gusta la consciencia de que, a fin de cuentas, si uno no es hijo de una figura histórica, su padre muerto es solo suyo y no hace ni falta poner nombre ni fechas porque, a fin de cuentas, los que van a ir a llevarle flores ya saben que ahí debajo está Lasse Thomassen y que murió en 2007.
Después me metí en el campo y estuve siguiendo un sendero hasta el minúsculo camposanto (la pared medía dos metros escasos y delimitaba un perímetro circular de unos diez metros). El sitio era pequeño, pero los caracoles, enormes.
Había una excursión con muchos niños y familias haciendo picnic. Me senté un rato, rodeado de mosquitos como helicópteros y volví hacia el núcleo urbano, esta vez encaminado a ver un poco el puerto y empezar a volver hacia casa porque se me estaban haciendo las cinco.
Una vez en el puerto me comí un bocadillo en un bar. Tendré que constatarlo cuando vuelva a casa, pero creo que el Mediterráneo huele mucho más a sal que el Báltico. Internet dice que el Báltico tiene muy baja salinidad.
Había unas señoras cenando una cosa muy de aquí que se llama stegt flæsk (panceta frita). El nombre del plato es tremendamente literal.Una de ellas tenía dos perros preciosos que se comportaban sorprendentemente bien a pesar de la masa de cerdo humeante que tenían enfrente. Les pedí si les podía sacar una foto.
No tengo ni idea de qué raza es, pero son esos perros con los que uno hace fotos en un campo y luego se hacen puzzles de +1,000 piezas. Aunque estos perros deben de quedar muy bien en una casa de piedra con trofeos de caza y una señora chimenea. A fin de cuentas, un perro viene a ser un tipo de complemento, como unos gemelos o un alfiler de corbata. Un alfiler de corbata carnívoro que te trae las zapatillas y gimotea cuando no estás.
A las seis volví a la estación, a las siete y media estaba duchándome por segunda vez y mirando el pijama con deseo. Ya había echado el día, y oye, por las cincuenta coronas (8,66 €) que me costaron un bocata y un refresco.
Cuando decidí rebajármela, me encontré con que la esquiladora se había estropeado en el traslado. Armado de valor, me lancé a la calle hacia el Fisketorvet, un centro comercial que podría ser una Maquinista que está a un ratillo (un ratillo suele ser algo parecido a veinte minutos) de casa. Un ratillo cuando no es sábado al mediodía y todas las calles principales están colapsadas de suecos que van a echar el sábado a Copenhague. Y de italianos, muchísimos italianos por todas partes, con gafas de sol y calzado de cuero blanco.
Dos ratos gordos después de abrirme paso como buenamente podía (y todos conocemos la cadencia bovina de los turistas) llegaba al centro comercial y me compraba el aparato en cuestión, mientras pensaba que vivo en un saliente de las ramblas de aquí. Bueno, de la suma de las ramblas, el Passeig de Gràcia i Portal de l'Àngel.
Esto de vivir tan cómoda e incómodamente en el centro me ha hecho pensar en cómo debe de ser la vida suburbana danesa. Así que, aprovechando que los regionales son gratis el primer domingo de cada mes, hoy he ido a la población de Køge, cincuenta minutillos en tren hacia el sur.
No sé si lo he comentado, pero a esta gente le gusta el bronce como a nosotros el ajo. Bajo estas líneas, un rey que se llamaba Federico algo. Creo que VII. Por lo visto era el último monarca absolutista, y aquí se le ve dando la Constitución al pueblo. He buscado en youtube a ver si encontraba a Chiquito contando el chiste de "mi mujer dice que no sé decir Federico" pero no ha habido suerte.
Después me metí en el campo y estuve siguiendo un sendero hasta el minúsculo camposanto (la pared medía dos metros escasos y delimitaba un perímetro circular de unos diez metros). El sitio era pequeño, pero los caracoles, enormes.
Había unas señoras cenando una cosa muy de aquí que se llama stegt flæsk (panceta frita). El nombre del plato es tremendamente literal.Una de ellas tenía dos perros preciosos que se comportaban sorprendentemente bien a pesar de la masa de cerdo humeante que tenían enfrente. Les pedí si les podía sacar una foto.
A las seis volví a la estación, a las siete y media estaba duchándome por segunda vez y mirando el pijama con deseo. Ya había echado el día, y oye, por las cincuenta coronas (8,66 €) que me costaron un bocata y un refresco.
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