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domingo, 23 de enero de 2011

camino del braille

Volando a Barcelona hace cosa de una semana, me encontré, todavía en el aeropuerto, que efectivamente, lo viejo es lo nuevo y lo culto, popular.

Y siguiendo con el efecto invocación, se me manchó de leche este libro cuando pedí un café en el avión.

Y éste otro libro era el que vino después (pura casualidad, era lo único de bolsillo que tenía a mano al hacer la maleta). Aquí lo vemos con mis gafas nuevas. Me hacían mucha falta. Los ópticos de Sabadell a los que voy son amigos de la familia, y siempre me dan recuerdos. Me parece gracioso ser parroquiano de una óptica, de puro cegato.
Pero las gafas nuevas no son la solución a todo. Se conoce que me pasa algo en la córnea derecha, según me dijo el óptico el otro día. Aquí, una captura de pantalla de mi ojo izquierdo.
Y en el derecho se ve algo rojo, que es una diferencia de volumen. Me toca más oftalmólogo en los próximos días. A ver cómo se desenvuelve la cosa.

Si las circunstancias se adecuan a lo que voy leyendo, me preocupa pensar qué me pasará ahora que acabo de empezar Diarios de las Estrellas, de Stanislaw Lem. Con lo mal que llevo los aeropuertos, no quiero imaginarme facturando para ir a Betelgeuse.

viernes, 7 de enero de 2011

El primer piropo de su especie

A todo el mundo le gustan los cumplidos, aunque a veces nos pillen con la guardia baja. Y hoy han alabado una parte de mi físico que nadie había admirado hasta la fecha. Una mujer de cuarenta y pocos, con un atractivo refrigerado a lo Meryl Streep, me ha dicho:
"You have lovely optic nerves, Mr. Martínez".

Y es que hoy he ido a la oftalmóloga para que me hiciera una revisión. Pero claro, los nervios ópticos no son algo de ir enseñando así como así. Me han dilatado las pupilas y se me han puesto los ojos como los de un ciervo. Mira qué susto.


Hasta me ha sacado las tarjetas de colores para decirme si soy daltónico o no, pero en lugar de equivocarme al ver los colores me iba equivocando porque estaba medio dormido y no veía el pie de los unos o la parte abierta que diferencia los treses de los ochos en esa cursiva de puntitos de la pruebas de daltonismo. Me ha hecho tanta ilusión que he estado a punto de pedirle que me hiciera las pruebas de vista con el póster de dibujitos y no con el de letras, como el primero que me hicieron de niño, con su casita y su perro. Creo que en cada sitio son algo distintos, aquí la primera línea está ocupada por un cisne. A los daneses le va mucho el tema cisnes.