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viernes, 15 de febrero de 2013

La menor intención contra Jaime Gil de Biedma contra el cuerpo de bomberos

Me he ido a vivir al centro. Después de un año y medio compartiendo piso con Verónica tan ricamente, ella se ha ido a vivir con el novio y yo me he buscado algo para mí solo. Es la primera vez que vivo solo, y me hace mucha ilusión a la vez que me da algo de miedo. A quién le dejaré, por ejemplo, el juego de llaves de emergencia por si me quedo fuera sin llaves?

Empaquetando las cosas del piso antiguo, encontré esta maltrecha rueda de pan sueco que se había ido al fondo de la despensa. Estaba revenida y tanto el color como la textura (y seguramente el sabor) recordaban más al cartón de las cajas de la mudanza que al crujiente pan que fue en su día.


Mi piso nuevo no es muy grande, y está en el centro-centro-centro. Es una planta baja un poco elevada, y como delante de la ventana del dormitorio tengo un parquímetro, veo las frentes de la gente al pagar. El alféizar es muy ancho y puedes sentarte a leer y ver la frente de la gente.


El piso venía amueblado. Eso es una ventaja a medias, porque venía con algunos muebles blancos tirando a prácticos, unas sillas blancas feíllas imposibles de apilar ... y plantas de plástico que tuve que esconder nada más llegar. Eran muy feas. Las saco aquí en una foto un poco Cuarto Milenio para que no se vean demasiado.



También había tres cuadros abstractos defectivos, en tonos ocres, que me niego a mostrar. Los quité y puse unas cuantas cosas en la pared, incluyendo a la ya conocida ardilla LaFamilia (si, como LaToya) y cositas que algunos lectores de este blog reconocerán como enviadas por ellos.



El cuadro ovalado es un paisaje en punto de cruz que compré impulsivamente en un rastro. A su izquierda hay una xilografía muy bonita que representa una lintera de aceite y que compré en Suecia este fin de semana.

"Ve a Malmö y te compras más pan sueco, que en Dinamarca no venden". Hay cosas que son de mejor comprar en Suecia, pero no todo. En Suecia hay monopolio estatal del alcohol, de manera que uno compra el vino en unas tiendas que vienen a ser estancos para dipsómanos. Es todo caro pero hay vino de Motörhead.


Mira que está cerca Malmö, pero no voy nunca. Me hice invitar a cenar por unos amigos y aproveché para hacer recados antes de la cena. Suecia tiene un relieve mucho más montañoso que Dinamarca, y hay muchos sitios donde, cuando nieva, nieva de cagarse. Esto ha favorecido la robustez de sus bicicletas (un modelo un poco modernizado de la bici militar sueca se vende hoy en día bajo la marca Kronan, que son cojonudas pero tienen el cuadro tan alto que no consigo encararme a una) y el diseño pragmático de sus vagonetas militares, con esa pala ahí tan bien puesta, tan resignadamente consciente de que un soldado sueco va dar más paleadas de nieve que tiros en su carrera militar.


Un tipo finés inauguraba una exposición de cosas bastante chungas (en el Norte sigue pegando fuerte una especie de expresionismo abstracto de colorines, supongo que porque cuelga bien encima de los sofás) en una galería de Malmö. Lo que sí que me gustó fue esa escultura hecha a partir de la médula de un tronco. Erguida habría medido unos dos metros y medio.


Muchas marcas cambian de nombre por pais. En Suecia el Fairy se llama Yes, que me parece muy absoluto, muy convincente.


Y al volver de Suecia, me quedé siempre con ganas de más porque Suecia me gusta mucho, de manera que al día siguiente me fui al IKEA. Pero IKEA está lleno de cosas raras. No entiendo cómo estos corazones abrazadores dignos de una caseta de tiro se siguen produciendo.


Un molde de horno de la exposición dice "Yo vivo aquí", para que no trates de comprarlo.


Y el fantasma de una sartén atravesaba la mesa.


Todo era un poco misterioso. Casi al salir, en la sección de las velitas, un cartel decía "Qué significan los símbolos?"

Ése es un tema al que le prestamos mucha atención en La Menor Intención. Para muestra unas escrituras murales en mi nueva calle. En la de abajo pone "SATAN" en una caligrafía caprichosa.


Y si los símbolos de esta suerte nos interesan, qué decir de los portentos, de las señales del Destino? A mí me habría gustado ser un augur romano y predecir el futuro según comían o dejaban de comer los pollos sagrados.


http://ekstrabladet.dk/112/article1920872.ece

Esta imagen tan espectacular muestra la fachada del edificio del que me fui hace una semana. La foto y la noticia son de hoy mismo, y es que parece que ha habido un conato de incendio. Traduzco la noticia atropelladamente:

"Se declaró un incendio en un sótano de Copenhague, de manera que la policía y los bomberos tuvieron que evacuar dos edificios. El fuego empezó en el sótano de Saxogade 43 (N del T, mi casa hasta hace una semana) pero el incendio se propagó a través del sistema de ventilación del edificio, generando una masiva humareda,


Saxogade fue cerrada al tráfico y la policía condujo un autobús al lugar del incidente para que los vecinos evacuados tuvieran donde sentarse y estar resguardados mientras el cuerpo de bomberos controlaba el fuego y el humo.

Los técnicos de incendios de la policía van a investigar la causa del incendio en el sótano."

La noticia es de hace tres horas. Mañana íbamos con Verónica a limpiar el piso antiguo. Rediós, para esto me pido yo un día libre del curro? Y al final, entre pitos y flautas, no compré pan en Suecia.







lunes, 18 de junio de 2012

Domesticidad



Una nota en la pizarra de la cocina. '
Palabras clave: neceser, WC, lavadora, hule.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mucha visita en la calle del crimen


Esta semana pasada estuvieron de visita mi tía Encarna y mi tío José María. aprovechando constituciones y purísimas concepciones.

Aquí la constitución es otra y yo no tuve fiesta, o más bien dicho tuve fiestas obligadas porque no son fiestas: dos cenas de navidad del departamento y la escuela de doctorado respectivamente. Estuve demasiado ocupado comiendo arenques y panceta asada como para poder llevarles a mucho sitio, aunque ellos son muy espabilaos y cubrieron todo lo necesario; sirenita, Louisiana, jardín botánico, el cementerio Asistens y hasta un día en Malmô. Parece que les cundió, a pesar del tiempo regulero.

Pero claro, algunas direcciones tuve que darles. Aquí se ve el cartel de acceso a mi vecindario, con la célebre calle Oehenschlægergade. Nuestra calle, Saxogade, tenía el doble de delitos que la calle paralela durante la época previa a los ordenadores porque cuando alguien reportaba algo a la policía, les daba pereza (o incerteza) escribir Oehenschlægergade y se lo atribuían todo a Saxogade.
Aquí salen mis tíos delante de una maqueta de Copenhague, que es lo más parecido a un minigolf que tenemos por el centro.
Espero que les hayan gustado los arenques en conserva y ahumados que se han llevado. Aquí vemos su maleta con una caballa que asoma.Ya me diréis qué tal la anguila.

Y horas después de irse mis tíos, vino Henrik. Yo iba a clase de danés con Henrik y su novia Ulrike, pero al parir a su hija se volvieron a Alemania. De todos modos Henrik ha seguido estudiando danés por su cuenta y se vino a hacer la parte oral del examen final este lunes. Una de las cosas que tienes que hacer es dar una presentación de dos minutillos sobre un tema que te dan. A mí me tocó la Ley de Jante.

La Ley de Jante es un corpus legal ficticio proveniente de una novela, que se ha adoptado como término para representar la presión tribal por la igualidad y el no-destacar, cosas aparentemente muy características de la sociedad danesa. Dicha ley tiene diez mandamientos:
  1. No pienses que tú eres algo especial.
  2. No pienses que tú estás a la misma altura que nosotros.
  3. No pienses que tú eres más listo que nosotros.
  4. No pienses que tú eres mejor que nosotros.
  5. No pienses que tú sabes más que nosotros.
  6. No pienses que tú eres más importante que nosotros.
  7. No pienses que tú eres bueno en nada.
  8. No pienses que tú puedes reírte de nosotros.
  9. No pienses que tú le preocupas a alguien.
  10. No pienses que tú puedes enseñarnos algo.


Algo de esa forma de entender la relación entre individuos y sociedad se percibe en algunas escenas de Dreyer o incluso en El Festín de Babette. Sea como sea, la Ley de Jante es algo que mencionan muchas personas pendientes o preocupadas por destacar, como políticos liberales o deportistas de élite.

 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Lo que yo hago sí es difícil

A pesar de no encontrarme hoy muy bien, he ido a nadar con Sigrid, una colega (en ambos sentidos) de la universidad. Tenemos el propósito de ir a nadar al menos una vez por semana , y de momento llevamos tres sin saltárnoslo. La idea es ir los jueves, pero no pudimos ir éste así que lo pasamos al sábado. Generalmente vamos a la piscina de al lado de la oficina, pero hoy hemos cambiado y hemos ido a la que está cerca de mi casa.

Al salir del vestuario, una vez ya nadado, duchado y vestido, no encontraba la moneda de diez coronas de la taquilla. Maldiciendo mi mala cabeza, he deshecho la bolsa, me he hurgado los bolsillos, me he quitado las botas de agua (hoy ha hecho un día de perros), he aflojado el nudo de la bufanda y finalmente me he puesto en la postura del indio que escucha las vías del tren para ver si se había caido al suelo. Todo en vano. Me he incorporado y, cuando me disponía a irme, un señor mayor me ha preguntado que qué buscaba, y yo le he dicho que una moneda de diez coronas, el señor me ha preguntado de donde era y yo le he dicho de dónde soy, retrocediendo medio pasio hacia la puerta.

Pensaba que se trataba de un pervertido pero no, era mucho mejor, era un majadero. Me ha explicado que era nacido en Argelia, que llevaba treinta años viviendo en Dinamarca y que era lingüista jubilado. Le he comentado que yo también, más o menos, pero sin jubilar, y entonces ha perdido el control al ver que podía hablarme de sus cosas y me ha pegado un rollo enorme sobre la belleza de la lingüística histórica, y sobre su pasión por el protosemítico y el indoeuropeo. Todo esto en el umbral de la puerta de los vestuarios. El hombre estaba vestido, se llama Abdel y sostenía un peine. Sus años en la academia le han dado el don de soliloquiar monocordemente manteniendo un férreo contacto ocular con su víctima, y yo no me atrevía a zafarme o a interrumpir por miedo a despertar su indignación. Por fortuna ha tenido que hacer una pausa para resollar y yo le he dicho que me tenía que ir, pero le ha dado tiempo de preguntarme que qué hacía yo. Se lo he comentado brevemente tratando de no darle cancha y ha sentenciado, con un gesto de peine:

- La semántica es fácil. Lo que yo hago si que es difícil.

Horas más tarde, en un bar del barrio, un desconocido me ha explicado, en inglés, su interés por la filosofía gnóstica, y cómo había alternado el estudio de la cábala con el sufismo. Luego me ha explicado que Blade Runner está cargada de simbología cabalisticognóstica, ya que los replicantes que no recuerdan que lo son son una analogía del propio ser humano hecho de barro y condenado a la mortalidad por un demiurgo (en este caso el señor de la Tyrell corporation). Incluso decía que había algo simbólico en el hecho de que los replicantes malos de la historia fueran rubios y los buenos, morenos; además de un poco de mito de la caverna y de referencias al Árbol de la Vida. Ha mencionado el unicornio de Blade Runner para pasar a hablarme de Lewis Carroll, que se conoce que también era gnóstico y masón. Esta gente es muy apropiacionista, por mucho que Philip K. Dick le fuera lo místico. He pagado y me he ido, acordándome con tibios escalofríos de Hildegard, esa señora vidente del tren de Hamburgo.


Al llegar a casa, me he quitado la gorra y ha caido una monera de diez coronas que se había escondido en un doblez del forro. He dejado la moneda encima de una mesa, he ido al súper y he comprado papel higiénico, dos bombillas de ahorro y una de esas jarras eléctricas que se usan para hervir agua. Creo me voy a empollar las instrucciones de la jarra y saldré a la calle a darle la brasa a la gente con ellas.

lunes, 31 de octubre de 2011

Escoria!

Es tardenoche (algo más noche porque ayer se cambió la hora). Un borracho enorme (enorme de alto y enorme de borracho) se pasea dando tumbos por una calle de Copenhague donde se alternan prostitutas y pizzerías, yonquis y sitios de shawarma. Delante de 1001 Nat Pizza Grill Kebab House , el borracho contiene un sollozo y grita con deje andaluz:

"Todos arriba, al último piso, como Carrero Blanco! Escoria!".

 Quién presta atención a un borracho ininteligible? Un observador parpadea, esperando a que salga su pizza número dieciséis.

viernes, 29 de julio de 2011

No he hablado mucho del piso nuevo, y es que tampoco he dispuesto de mucho tiempo. El piso está bien, estamos muy contentos. Que con quién vivo? Con esta señorita que instala lavadoras sin ni siquiera tener que cambiarse la blusa de seda. Se llama Verónica y es de Málaga. Nos conocimos en un bar, por accidente, nos vimos tres o cuatro veces y dijimos que era buena idea irnos a vivir juntos. De momento no parece que hayamos cambiado de opinión. Me deja tuppers de paella en la nevera y tolera mis chistes.



El piso tiene cosas de las que tienen los pisos. Una nevera, un balcón, una puerta, etcétera. También tiene tres encantadoras ventanas abuhardilladas en la cocina, en el baño y en mi habitación. La de mi habitación se cascó a causa del granizo de hace unas tres semanas y se ha ido rajando progresivamente hasta tener que sujetarla con cinta americana y bolsas de super (del Netto, que es el supermercado con la mejor identidad de marca de todo el país). He avisado a la comunidad pero sólo han venido a medir el vidrio, no a cambiarmelo. Por fortuna, no gotea, y mira que ha estado lloviendo últimamente.



Pero a veces hace sol. El otro día volvía en metro de la uni y me encontré con que el techo piramidal de vidrio me llenaba el Quadern Gris de colores.

Como ya comenté, Frenazø desapareció. Estuve unos días sin bicicleta, pero el padre de un amigo rehabilita bicis abandonadas y me han dadoprestado esta bici tan sobria, tan de señor. Tiene todas sus marchas, los frenos van bien y el asiento es incómodo. Todavía estoy en proceso de acostumbrarme a una bici con el cuadro alto, y es que, chiquitín que es uno, me cuesta Dios y ayuda pasar la pierna por el lado para subir. Tengo que aprender a hacer esa cosa de subir los dos pies a un pedal y luego lanzar la pierna.

Lo importante es que sigue sin nombre, así que podéis hacer llegar vuestra sugerencias.

domingo, 5 de junio de 2011

nomenclatura

Nombrar calles es o un arte o una tontería, pero tiene que hacerse. Por mucho que nos guste Rodoreda, que un rectangulito de cemento tirando a cutre se llame Plaça del Diamant parece, por lo menos, arbitrario. Esa misma arbitrariedad hace que haya Calles Mallorca, o Avenidas de la Solidaridad y que resulte legítimo que los acontecimientos de una canción para saltar a la cuerda sucedan en la Calle de la Bomba.

Otras calles parecen mejor nombradas, porque responden a funciones anteriores de la vía, como las calles gremiales que todos conocemos, o porque responden a algun rasgo de la calle, como la Avenida Diagonal. En Copenhague hay una Magstræde, que vendría a ser la Calle de los Retretes, porque los lavabos públicos estaban allí hace unos tres siglos. Ahora es una de las calles con el metro cuadrado más caro.

La clasificación no es exhaustiva, pero me atrevo a creer que el conjunto mayor de calles es el de las que se llaman como peña muerta. Seguro que todos hemos vivido alguna vez en una calle con nombre de alguien. A bote pronto, a mí me salen Fleming y Manuel de Falla.

Y dentro de dos o tres semanas me mudo a Saxogade. No, no es la calle del saxo porque no hay —por desgracia— un barrio de los instrumentos. La calle está dedicasa a Saxo Grammaticus, un historiador medieval que escribió la Gesta Danorum.

El piso está en Vesterbro, uno de esos barrios-obreros-venidos-a-más con carnicerías halal y estudiantes de comunicación audiovisual con sombreritos que parece que todas las ciudades europeas han de tener.

Ya empezaba a estar algo harto de vivir en el centro, y en verano va a ser terrible.

martes, 8 de marzo de 2011

sombra y lechuga

«Hamlet - ¡Oh! No se trata de eso. No os quiero confundir con mis criados que, a fe de hombre de bien, me sirven indignamente. Pero, decidme por nuestra amistad antigua, ¿qué hacéis en Elsingor?

Ricardo - Señor, hemos venido únicamente a veros.

Hamlet- Tan pobre soy, que aun de gracias estoy escaso, no obstante, agradezco vuestra fineza... Bien que os puedo asegurar que mis gracias, aunque se paguen a ochavo, se pagan mucho. Y ¿quién os ha hecho venir? ¿Es libre esta visita? ¿Me la hacéis por vuestro gusto propio? Vaya, habladme con franqueza, vaya, decídmelo.
»



Miquel y Anna acaban de irse. Vinieron este fin de semana, y juraría que sí vinieron por gusto. Las métricas en este campo no están muy estandarizadas, pero son bastante amigos míos, y al margen de la alegría intrínseca de la visita en sí, he tenido también la alegría de poder usarles como pretexto para hacer cosas que no iba a hacer por mi cuenta, como ir a Kronborg el sábado.

El castillo está en el punto más angosto del estrecho de Øresund, y fue en su día una fortaleza que servía para asegurar el cobro del aranceles para barcos de y hacia el Báltico. Esta aduana fue uno de las fuentes de ingresos más relevantes para la corona danesa (se estima que unos dos tercios de los ingresos en los siglos XVI y XVII!) pero me parece que lo más relevante para nosotros es que es el castillo donde empieza Hamlet. O al menos, es el único castillo de la localidad de Helsingør, que sí sale citada en la obra.


Estuvimos paseando por dentro, salón de baile incluido.
En el castillo también hay un museo marítimo.
Tiene unos cuantos mascarones de proa expuestos, pero ni una sola teta al aire.
La hoja técnica de un barco nos dice que su carga típica son bidones.

Aquí están los visitantes, tomando el sol en la playa frente al castillo. El gorro de lana de Anna ha sido muy comentado estos días. Sosteníamos que era, entre otras cosas, un disfraz de cocker spaniel, pero ahora más bien me parece un chucho de crema o un pan chino

La playa, tan pedregosa y todavía con nieve, parecía sacada de El Séptimo Sello.

Pero no jugamos precisamente al ajedrez. Estos dos se presentaron en casa con unas barajas de Magic, por si nos pillaba el mal tiempo.

Pero antes de eso, nos dio tiempo a ver algo del barrio Vesterbro, y de ver la calle donde pasé la primera semana en Copenhague, justamente en el hotel Absalon.
El domingo, después de desayunar cosas con nombres tan rimbombantes como Frøsnapper o Fastelavnbolle, que son unas pastas que se hacen durante los dos días que dura Fastelavn (el resto de Carnaval que hay en Dinamarca), estuvimos paseando por la ciudad.
Fastelavn es una fiesta centrada en los críos, sin tanta participación adulta. Pudimos fotografiar a un Niñosaurus (con permiso del Madresaurus, claro).

Anna trató de matarnos de un susto en el jardín botánico:
Y vimos el rincón del restaurador ("dentista de cuadros") en la Pinacoteca Nacional:

Nos comimos unos trozos de pastel en La Glace, como este Sportkage (sí, sí, pastel de deporte), de dudosa etimología y esponjosa contundencia. Es una especialidad de la pastelería, y por lo visto lo inventaron para una obra de teatro que se llamaba El Deportista, no sé si para que alguien se estrellara contra él o para comerlo en el estreno.

Y luego fuimos a la gliptoteca.
"Mucha arena este cemento."

Y, como no podía ser de otra manera, fuimos a hacer lo necesario.Todo lo que se ve detrás de la sirenita es una capa de hielo de un par de dedos de espesor.


El lunes, mientras yo trabajaba, se fueron por su cuenta a ver otras cosas. Entre ellas tiendas de Lego donde puedes comprar a granel.

Y hoy han vuelto a casa. Se les habrá muerto el pez de colores en su ausencia?

martes, 17 de agosto de 2010

primer martes de lluvia

Hoy he hecho dos de las cosas importantes que hay que hacer cuando uno llega a un sitio nuevo en general y en particular: comprarme un móvil de prepago y una bicicleta.

La bicicleta es de segunda mano, frena pedaleando hacia atrás (cosa que no me gusta nada porque es un lío) y es de un bonito verde bastante feo. Todavía no le he puesto nombre, estoy entre Luci y Quemasfalto 2000.



He tenido que pagar la bici al contado, lo que se traduce en sacar dinero de un cajero. ¡Y qué bonitos que son los billetes de múltiplos de cien coronas!



Mañana tengo dos visitas a pisos, por la mañana con un señor que me ha dicho en muy mal inglés con acento de oriente medio que nada de fiestas ni nada, y la segunda con una señora danesa que parecía la mar de correcta y de en-su-sitio. Estoy a la espera de que me digan otra cosa de un piso regentado por una investigadora española en bioquímica que alquila su piso pero no está en Copenhague de momento. Por zona me interesa más la de Sasberhan (creo que el señor de oriente medio ha dicho que se llamaba así), pero toda nuestra conversación me ha hecho pensar en la escena del espadachín que hace florituras con el alfanje en una de Indiana Jones, al que Indy acaba por sacudirle un tiro. Y además creo que vive en el piso de abajo. No sé yo.

En ell hostal, he tenido una larga conversación en el pasillo con un matrimonio colombiano. Él había hecho un máster de arquitectura sostenible en la UPC y me ha hablado maravillas de la programación neurolingüísta, que es algo que más que el ánimo, me levanta la ceja, con ese nombre rimbombante. Pero muy majos, oye.

Y, como primera impresión, este sitio no me parece tan caro. Sí, los precios son un 120% de lo que cuestan las cosas en Barcelona, pero la vivienda cuesta más o menos lo mismo.