domingo, 12 de febrero de 2012

ir, venir, sufrir

Tuve que ir a Barcelona unos días. Como soy catalán y se me junta el llevar y el traer, diré más bien que tuve que venir a Barcelona. Lo malo es que quien me llevaba y me traía (de cabeza) era Spanair.


Ante la imposibilidad de aplazar mis obligaciones y las ganas de escapar del febrero danés, me compré corriendo un vuelo con KLM, con escala, claro está, en Amsterdam. Al salir de Copenhague, como iba bien de tiempo, me puse la máquina de facturación automática en español porque las traducciones farragosas de este tipo de trastos suelen ser divertidas. Lo que encontré fue mucho más serio. Las máquinas de facturación automática saben más detalles de la vida sentimental de uno que la propia almohada. Miren, si no, mi estado civil.


 En el aeropuerto de Amsterdam estuve una hora y pico, que apenas me dio para mirar el escaparate de la tienda de Svarowski y las cosas en la tienda de Miffy. En este aeropuerto hay una zona de relax que ofrece lo mejor del campo, pero en hipoalergénico. Esto es un árbol de moqueta.


Esto en Ethnologue no sale, pero se conoce que el danés y el holandés son las dos lenguas germánicas que compiten por ser la más fea de su familia. Puede que ya me haya acostumbrado al danés, pero madre de Dios! Pensaba que a las azafatas les iba a dar algo cuando nos daban las instrucciones.



Ayer justamente me explicaron que en el himno holandés se sigue honrando al rey de España. Y opino que nosotros tendríamos que devolverles ese honor. Un país que tiene una entidad que se llama Rabobank merece más que simple respeto. En serio, Rabobank.

Al coger el tren en el Prat me encontré con unos tipos muy altos, con una curiosa fisonomía. Eran como personas aquejadas de acondroplasia, pero como de metro noventaipico, y no sabía yo de qué, pero me sonaban. Uno iba de payaso, una chica a su lado iba de pierrot, y otros dos iban de trapecistas. Se veía que la ropa les iba chica.
- Hola, somos tus enanos, mira como nos hemos puesto.

Y es que, lo que faltaba, que puto frío he pasado en casa. Ésta es la vista desde el comedor de casa de mi madre.


Pero lo peor se me viene encima en un rato;  esta noche duermo en Praga porque voy a esto.

domingo, 8 de enero de 2012


Mi primo Guillem tiene una caja enorme de LEGO que sus padres le compraron en Ebay. Estuve tratando de hacer una iglesia pero me quedaba deslucida, y los helicópteros de mi tío Ramón me tenían demasiado impresionado como para intentar la evocación de algo mecánico. 

Lo que sí salió fue una monstruoplanta.


Las monstruoplantas eran unos dibujos hechos para vender merchandising en plan G.I.Joe, pero los jueguetes no llegaron, que yo sepa, a comercializarse en España. A pesar de la ausencia de argumento, la serie tenía de todo: protagonistas masculinos de proyección sacados de bocetos de Ulises 31, una niña mentalista nacida de una flor, una armadura animada y hasta un pez volador. 

Como todas estas cosas, no es que haya envejecido mal, es que era mierdosa ya de buen principio. Pero tengo a las monstruoplantas y su universo visual violento pero gabacho muy presente, siempre asomando su hocico biomecánico en el banco de referentes que usamos para tratar de aprehender el mundo y las personas.

viernes, 6 de enero de 2012

lujo y carencia


He vuelto de Las Fiestas. Ha sido bonito, emotivo y fácil. Hasta hubo un arcoiris el día que me iba, poco después de fin de año. Y un arcoiris en un sitio tan prosaico como Sabadell tiene el doble de valor.

Una cosa que he notado mucho es que la gente habla en castellano y en catalán. Eso está muy bien y es menos cansado. Jugué al tabú con unos amigos; en castellano y catalán a la vez, lo cual no está bien y es ilegal. Pero la alegría de la lengua materna se veía punteada por el regusto de la crisis. Incluso las paredes escritas nos hablaban de carencia.

El mercado laboral es ahora peor sitio todavía. Quien no tiene trabajo, se aguanta, y quien tiene, se calla cuando le hacen trabajar de más, no vaya a ser. Todo el mundo está exhausto, incluso los libros.

Pero a pesar de la carencia y la extenuación, hay esperanza. Un comercio del Raval, entre prostitutas y guiris acosados por carteristas, nos promete liberación y reparación. Amén.
Y no es que todo sean promesas. También hay buenas cosas nuevas, como este conejo que Miquel y Anna han adoptado. Se llama Vapor.

Vapor no sabe que es comida. Esta piña y este jamón, en diálogo, sí lo saben.

Según me dijo el camarero, éste es el primer café que ponían en el Ámbar el día uno de enero.

Y en la reseña gastronómica, las galletas de jengibre hechas por la madre de Mireia (y decoradas por ella, no por su madre), tan buenas como bonitas. Me parece que la guinda de este año fueron unos garbanzos con acelgas y chorizo en un restaurante de menú. Eso, y una crema de puerros en casa de mis abuelos. A mí la proteína navideña me aburre un poco. Tampoco sería justo que me olvidara del vinillo.

Y después de estos días de sobremesa infinita, la vuelta a casa. Me duelen muy a menudo los oídos al aterrizar. Esta vez me compré unos tapones de silicona y volar fue raro pero agradable. Aquí están mis tapones, una vez sacados. Son como un cortejo de focas translúcidas.

Sin atreverme a decir que se han resuelto zonas erróneas, esta navidad ha sido en cualquier caso mejor que la anterior. En lugar de irme con ganas me he ido con un poco de mecachis. Pero en Copenhague también hay arcoiris.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Se me lo llevan de las manos

No hay muchos gitanos en Dinamarca, y los que hay suelen ser aves de paso de sureste de Europa. Pero además, los gitanos españoles, más sedentarios que en otros lugares, contribuyen capitalmente a la sociedad vigilando obras y–algo que como niño de barriada me tenía fascinado en mis sábados matutinos paseando con mi abuela Encarna–vendiendo bragas gritando cosas como "venga nena, mira como se estiran! Si por doscientas pesetas la que no lleva bragas es porque no quiere!".

Tuvo que ser precisamente mi tía Encarna, hija de mi abuela Encarna, quien viera el sustituto danés al mercadillo de las gitanas en un escaparate y lo documentara:


Pero es que en el Sur lo tenemos más fácil, es bien sabido que la adversidad climatológica es un espolón en el costado del desarrollo técnico. Aquí hace demasiado frío como para pedirle a nadie que se ponga a ondear bragas en la calle –como dice mi tío, estaba chispeando– y por eso se emplean animatronics. Y ya que los muñecos no gritan, se les pone King Africa de fondo. Puentes entre islas, molinos de viento, diques, pólders y mercadillos de gitanas eléctricos; la ingeniería nórdica nunca deja de asombrarnos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Mucha visita en la calle del crimen


Esta semana pasada estuvieron de visita mi tía Encarna y mi tío José María. aprovechando constituciones y purísimas concepciones.

Aquí la constitución es otra y yo no tuve fiesta, o más bien dicho tuve fiestas obligadas porque no son fiestas: dos cenas de navidad del departamento y la escuela de doctorado respectivamente. Estuve demasiado ocupado comiendo arenques y panceta asada como para poder llevarles a mucho sitio, aunque ellos son muy espabilaos y cubrieron todo lo necesario; sirenita, Louisiana, jardín botánico, el cementerio Asistens y hasta un día en Malmô. Parece que les cundió, a pesar del tiempo regulero.

Pero claro, algunas direcciones tuve que darles. Aquí se ve el cartel de acceso a mi vecindario, con la célebre calle Oehenschlægergade. Nuestra calle, Saxogade, tenía el doble de delitos que la calle paralela durante la época previa a los ordenadores porque cuando alguien reportaba algo a la policía, les daba pereza (o incerteza) escribir Oehenschlægergade y se lo atribuían todo a Saxogade.
Aquí salen mis tíos delante de una maqueta de Copenhague, que es lo más parecido a un minigolf que tenemos por el centro.
Espero que les hayan gustado los arenques en conserva y ahumados que se han llevado. Aquí vemos su maleta con una caballa que asoma.Ya me diréis qué tal la anguila.

Y horas después de irse mis tíos, vino Henrik. Yo iba a clase de danés con Henrik y su novia Ulrike, pero al parir a su hija se volvieron a Alemania. De todos modos Henrik ha seguido estudiando danés por su cuenta y se vino a hacer la parte oral del examen final este lunes. Una de las cosas que tienes que hacer es dar una presentación de dos minutillos sobre un tema que te dan. A mí me tocó la Ley de Jante.

La Ley de Jante es un corpus legal ficticio proveniente de una novela, que se ha adoptado como término para representar la presión tribal por la igualidad y el no-destacar, cosas aparentemente muy características de la sociedad danesa. Dicha ley tiene diez mandamientos:
  1. No pienses que tú eres algo especial.
  2. No pienses que tú estás a la misma altura que nosotros.
  3. No pienses que tú eres más listo que nosotros.
  4. No pienses que tú eres mejor que nosotros.
  5. No pienses que tú sabes más que nosotros.
  6. No pienses que tú eres más importante que nosotros.
  7. No pienses que tú eres bueno en nada.
  8. No pienses que tú puedes reírte de nosotros.
  9. No pienses que tú le preocupas a alguien.
  10. No pienses que tú puedes enseñarnos algo.


Algo de esa forma de entender la relación entre individuos y sociedad se percibe en algunas escenas de Dreyer o incluso en El Festín de Babette. Sea como sea, la Ley de Jante es algo que mencionan muchas personas pendientes o preocupadas por destacar, como políticos liberales o deportistas de élite.

 

sábado, 3 de diciembre de 2011

Lo que yo hago sí es difícil

A pesar de no encontrarme hoy muy bien, he ido a nadar con Sigrid, una colega (en ambos sentidos) de la universidad. Tenemos el propósito de ir a nadar al menos una vez por semana , y de momento llevamos tres sin saltárnoslo. La idea es ir los jueves, pero no pudimos ir éste así que lo pasamos al sábado. Generalmente vamos a la piscina de al lado de la oficina, pero hoy hemos cambiado y hemos ido a la que está cerca de mi casa.

Al salir del vestuario, una vez ya nadado, duchado y vestido, no encontraba la moneda de diez coronas de la taquilla. Maldiciendo mi mala cabeza, he deshecho la bolsa, me he hurgado los bolsillos, me he quitado las botas de agua (hoy ha hecho un día de perros), he aflojado el nudo de la bufanda y finalmente me he puesto en la postura del indio que escucha las vías del tren para ver si se había caido al suelo. Todo en vano. Me he incorporado y, cuando me disponía a irme, un señor mayor me ha preguntado que qué buscaba, y yo le he dicho que una moneda de diez coronas, el señor me ha preguntado de donde era y yo le he dicho de dónde soy, retrocediendo medio pasio hacia la puerta.

Pensaba que se trataba de un pervertido pero no, era mucho mejor, era un majadero. Me ha explicado que era nacido en Argelia, que llevaba treinta años viviendo en Dinamarca y que era lingüista jubilado. Le he comentado que yo también, más o menos, pero sin jubilar, y entonces ha perdido el control al ver que podía hablarme de sus cosas y me ha pegado un rollo enorme sobre la belleza de la lingüística histórica, y sobre su pasión por el protosemítico y el indoeuropeo. Todo esto en el umbral de la puerta de los vestuarios. El hombre estaba vestido, se llama Abdel y sostenía un peine. Sus años en la academia le han dado el don de soliloquiar monocordemente manteniendo un férreo contacto ocular con su víctima, y yo no me atrevía a zafarme o a interrumpir por miedo a despertar su indignación. Por fortuna ha tenido que hacer una pausa para resollar y yo le he dicho que me tenía que ir, pero le ha dado tiempo de preguntarme que qué hacía yo. Se lo he comentado brevemente tratando de no darle cancha y ha sentenciado, con un gesto de peine:

- La semántica es fácil. Lo que yo hago si que es difícil.

Horas más tarde, en un bar del barrio, un desconocido me ha explicado, en inglés, su interés por la filosofía gnóstica, y cómo había alternado el estudio de la cábala con el sufismo. Luego me ha explicado que Blade Runner está cargada de simbología cabalisticognóstica, ya que los replicantes que no recuerdan que lo son son una analogía del propio ser humano hecho de barro y condenado a la mortalidad por un demiurgo (en este caso el señor de la Tyrell corporation). Incluso decía que había algo simbólico en el hecho de que los replicantes malos de la historia fueran rubios y los buenos, morenos; además de un poco de mito de la caverna y de referencias al Árbol de la Vida. Ha mencionado el unicornio de Blade Runner para pasar a hablarme de Lewis Carroll, que se conoce que también era gnóstico y masón. Esta gente es muy apropiacionista, por mucho que Philip K. Dick le fuera lo místico. He pagado y me he ido, acordándome con tibios escalofríos de Hildegard, esa señora vidente del tren de Hamburgo.


Al llegar a casa, me he quitado la gorra y ha caido una monera de diez coronas que se había escondido en un doblez del forro. He dejado la moneda encima de una mesa, he ido al súper y he comprado papel higiénico, dos bombillas de ahorro y una de esas jarras eléctricas que se usan para hervir agua. Creo me voy a empollar las instrucciones de la jarra y saldré a la calle a darle la brasa a la gente con ellas.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Suecia escorada


He pasado el fin de semana en Estocolmo. Viajar al Norte cuando hace frío sale baratico, aunque tiene inconvenientes obvios, como que se te hace de noche en un tris y tampoco tienes tantas ganas de estar en la calle.

Las librerías de aeropuerto, siempre están provistas (y previstas!) de lo mejorcito. Parece que Noah Gordon ha sacado un libro en su saga de médicos, chamanes y judíos: el catalán.


No, no es una graciosa homonimia. "Catalaneren" quiere decir "el catalán" en danés. Lo que tiene miga es que el libro en inglés se llama "The Bodega". Aparentmente es una especie de drama vitivinícola con intriga política en las Guerras Carlinas.

Estocolmo es una ciudad realmente bonita, con sus islitas, sus puentes, sus calles espaciosas... y sus edificios torcidos.


 Este edificio está torcido cinco grados en la base, y no sé cuánto en el último piso.
.


Se ve también que la finalidad de los smartphones es usarlos como nivel. A los estocolmienses se les tuercen las cosas, y no sólo los edificios. Posiblemente la mayor atracción turística de la ciudad es el Museo del Vasa, un museo construido alrededor de un barco de guerra del s. XVII que se les hundió minutos después empezar su primer viaje. Lo tuvieron en el agua, dado por perdido durante 300 años hasta que lo sacaron a flote en los 60.

El Vasa quita el hipo.
 


Y el Museo de Cosas que le han hecho alrededor está la mar de bien también. Incluso el video explicativo mola. Lo pasan por lo menos en sueco, en inglés, en ruso y en español internacional:


Me quedé prendado de esta señora osteóloga tan peripuesta.




Antes de irme a Dinamarca pensaba que el sueco era una lengua más bonita que el danés. Y lo sigo pensando. Pero también tiene palabras feas: "Blommor" quiere decir "flores". Hay muchos plurales que acaban en "or".


Y hombre, a mí esas palabras acabadas en "or" me hacen pensar en ciencia ficción cutre. El plural de "pizza", por ejemplo, es "Pizzor". No puedo evitar pensar en un alienígena vestido de papel de aluminio diciendo que ha venido a invadirnos desde el planeta Pizzor.




Estos leones tan simpáticos, con un poco de retirada a Whoopi Goldberg, están en las calles comerciales, abarrotadas por la llegada de la temporada navideña. Parecen muy majetes. Los cuervos y las urracas también abundan, incluso en las farmacias.


 Y por último, dos imágenes complementarias.
a) Alfredo Landa en TVE internacional. Nadie en España debe tanto a Suecia como Alfredo Landa.Me pregunto si se ha notado mucho el cambio de programación televisiva después de la victoria del PP el 20N.


b) La calle de Olof Palme. En Sabadell tiene un club de fans que ríete tu de Diana de Gales y otros muertos ilustres.